La adolescencia es una etapa de cambios grandes en poco tiempo: el cuerpo, la identidad, las relaciones, las expectativas propias y ajenas. Todo eso junto puede generar un malestar real que no siempre es fácil de identificar ni de poner en palabras, ni para ellos o ellas ni para las personas que tienen cerca.
Algunas señales que pueden indicar que sería útil consultar:
Queremos dedicarle un apartado propio, no porque las redes sociales sean la causa de todos los problemas, sino porque han cambiado de forma muy concreta el entorno en el que crecen los adolescentes de hoy, y esto está teniendo consecuencias reales en su salud mental
La exposición constante a cuerpos, vidas y logros que no reflejan la realidad, la presión por encajar y por proyectar una imagen determinada, el miedo a quedarse fuera, la necesidad de validación a través de los likes, la comparación permanente... todo eso tiene un impacto directo en cómo se ven a sí mismos/as y en cómo gestionan lo que sienten. A veces ese impacto es claramente visible, pero otras veces se manifiesta de formas más difusas: irritabilidad, dificultades para concentrarse, sensación de vacío o problemas de sueño.
Otro de los problemas es que tenemos tan integradas y normalizadas las redes sociales en nuestra vida diaria, que muchas veces cuesta darse cuenta de que son las causantes de dicho malestar.
El proceso empieza con una entrevista solo con la familia, para conocer la historia del chico o la chica, el motivo de consulta y cómo está siendo su situación en casa, en el instituto y con sus amistades. Esta información nos permite saber cómo plantear la siguiente sesión con el o la adolescente.
La siguiente sesión ya es individual, para que puedan hablar con libertad. Y a partir de aquí, si el chico o la chica decide que quiere iniciar la terapia, concretamos los objetivos, el formato (presencial, online o híbrido) y la frecuencia de las sesiones.
Si es posible, animamos a que el adolescente participe en la elección del o la terapeuta. Cuando siente que su opinión se tiene en cuenta, se muestran más receptivos/as con el tratamiento.
Estoy formada en terapia cognitivo-conductual, aunque mi enfoque es integrador. Me especializo en la intervención en tics y Síndrome de Tourette, con técnicas como el CBIT y la Terapia de Inversión de Hábitos, y realizo evaluaciones neuropsicológicas e intervención con población infantil, adolescente y adulta con TDAH, TOC, TEA, ansiedad o depresión, entre otros. Por encima de todo, me importa crear un espacio de confianza en el que cada persona se sienta escuchada y podamos mejorar juntas su bienestar.
Acompaño a personas de todas las edades, desde la infancia hasta las personas mayores. Me especializo en terapia cognitivo-conductual, psicogerontología y neuropsicología, una combinación que me permite atender el bienestar de forma integral, cuidando tanto la parte emocional como las capacidades cognitivas. Me gusta trabajar desde la cercanía y adaptar cada proceso a la persona que tengo delante, sea cual sea su momento vital.
Atiendo a niños, adolescentes y adultos desde un enfoque cercano e integrador, ajustando la intervención al momento vital y a las características de cada caso. Cuento con formación y experiencia en regulación emocional, trastornos de ansiedad, Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), TDAH y Síndrome de Tourette. Para mí es fundamental que cada persona se sienta comprendida y acompañada a lo largo de todo el proceso.
Durante los últimos 7 años me he dedicado de forma casi exclusiva a la atención de personas con Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), lo que me ha dado amplia experiencia en su manejo y en dificultades asociadas como la ansiedad, el estado de ánimo o el Tourette. Trabajo desde la terapia cognitivo-conductual, con especial peso de la Exposición con Prevención de Respuesta, e incorporo la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), muy útil en dolor crónico y enfermedades de larga duración.
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