Recuperando la conexión: Las habilidades sociales más allá de las pantallas

Comprender las habilidades sociales en una era marcada por la autovigilancia.

En una época donde nos comunicamos constantemente, hablar cara a cara se hace cada vez más difícil. Cuando la interacción es sin filtros ni ediciones, aparece un miedo silencioso: ¿Y si no caigo bien? ¿Y si piensan que soy raro/a? ¿Y si lo que digo no encaja?

Se suele pensar que las habilidades sociales tienen que ver únicamente con hacer amigos o con ser extrovertido, pero en realidad abarcan mucho más. Son la manera en la que conectamos, nos mostramos y nos relacionamos con los demás. Y, a día de hoy, están profundamente condicionadas por la presión del “qué dirán”.

Cada vez observamos más dificultades a la hora de socializar, pero no por falta de habilidades, sino por exceso de autovigilancia. Las personas no venimos con un botón de borrar: no podemos editar nuestro tono, no podemos deshacer lo que decimos ni podemos ajustar nuestra expresión. Y esto genera mucho malestar y hace que puedan aparecer pensamientos como:

“Si cuento lo que realmente me gusta, van a juzgarme.”

“No soy tan interesante como los demás.”

“Mejor no hablo para no quedar mal.”

Creemos que los demás nos están evaluando, pero la mayoría está demasiado ocupada evaluándose a sí misma. La verdadera paradoja social es que todos tememos al juicio, mientras juzgamos muy poco. La inseguridad es colectiva, pero la vivimos como si fuera solo nuestra.

No solemos callar por timidez, sino por temor a no encajar. Nos preocupa parecer aburridos, mostrar demasiado, mostrar poco, no ser graciosos, hablar mucho, hablar poco, equivocarnos al hablar…

Imagen que simula la apariencia del traductor de Google, pero es un traductor emocional. En una de las casillas pone "Me cuesta abrirme" y en la otra, como traducción, pone "Tengo miedo a que me juzgues". La imagen es de Alba Martín, alias Psicoviñetas.
Imagen de Alba Martín Ruiz-Berdejo (Psicoviñetas)

Pero lo curioso es que lo que más conecta a las personas no es la perfección, sino la humanidad: el entusiasmo genuino, la risa espontánea, la vulnerabilidad, lo imperfecto.

La conexión auténtica no depende de impresionar, sino de mostrar quién eres sin necesidad de cohibirte o de fingir.
De actuar sin pensar en cómo se ve.
De hablar desde lo que realmente te entusiasma.
De preguntar con curiosidad.
De permitirte no ser interesante todo el tiempo.

Fuera de las redes descubrimos quiénes somos sin edición. No necesitamos ser extraordinarios: solo estar presentes. Y aunque dé miedo, es ahí donde empieza la relación más sincera: la que surge cuando dejamos de gustar y empezamos a existir frente a la otra persona.

Te propongo un pequeño ejercicio de reflexión. Hazlo sin prisa, sin preocuparte si está bien o mal y sin buscar la respuesta “correcta” (porque no la hay).

  1. ¿Qué temas o intereses ocultas por miedo a ser juzgado?
    Piensa en algo que te encanta, pero rara vez compartes. ¿A qué le tienes miedo realmente?
  2. Lo que temes que otros piensen de ti… ¿Es algo que tú pensarías de ellos?
    La mayoría de las veces, la respuesta es no.
  3. ¿Qué parte de tu personalidad se pierde cuando intentas encajar?
    Identificarlo te ayuda a recuperarla.
  4. ¿Cómo sería tu interacción ideal si el “qué dirán” no existiera?
    Esa es tu brújula hacia relaciones más auténticas.

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